¡Feminismos! Eslabones fuertes del cambio social

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Los derechos de las mujeres, ¿una conquista frágil?

, por CRINON Monique

Los derechos de la mujer, su igualdad en derechos con los hombres forma parte de nuestro panorama cotidiano, aunque esto no siempre fue así. Por un lado, ciertos derechos han sido conseguidos pero ¿qué ocurre en la realidad de la vida de las mujeres? Ya sea en el campo de la política, del trabajo, o de la sexualidad, se trata de estar atentos/as a los factores que debilitan los logros feministas y particularmente a la universalización de un solo modelo de emancipación de la mujer, un feminismo que no tiene en cuenta las otras formas de dominación, o los retrocesos conservadores.

Los derechos, resultado de luchas de mujeres

Un recordatorio esencial: los derechos de las mujeres no han sido otorgados por tal o cual poder político, son el resultado de los combates llevados a cabo por militantes feministas. Estas luchas han podido ser construidas ya que las mujeres no empezaron de la nada: la historia está plagada de formas de resistencia de mujeres que rechazaron ser consideradas inferiores. Estas resistencias no son puestas como reivindicaciones construidas sino simplemente como una voluntad de existir plenamente, incluso de poder ejercer ciertos talentos. Este es el caso de ciertas monjas como Hildegarda de Bingen quien ejerció la medicina y el arte de la música sin ser jamás reconocida por la Iglesia. También es el caso, de las beguinas que se organizaban para vivir juntas como ellas querían, fuera del marco dominante de la época. Pero podemos apostar que en todo el mundo, pequeñas jóvenes han soñado siempre poder hacer aquello que querían, poder disponer de sus cuerpos como los pequeños varones y poseer los mismos derechos. Estos son los sueños que han alimentado los combates y la historia de mujeres.

La revolución francesa, a pesar de la acción de algunas figuras, dejó de lado los derechos de las mujeres. Posteriormente, ocurrió lo mismo en la izquierda francesa, poco dispuestos a confiar en las mujeres a quienes consideraban políticamente demasiado cerca de los sacerdotes y de la reacción en general.

Es durante los siglos XIX y XX que las mujeres se expresan colectiva y públicamente en todo el mundo para reclamar derechos reales. Se expresan con fuerza y determinación pero de manera no-violenta. Estos movimientos hacen públicas las desigualdades entre mujeres y hombres: permitiendo poner en relieve el "cela va de soi" — "no hace falta ni decirlo"— que engloba la manera de ver de las mujeres y su tratamiento. Las desigualdades de condición son expuestas públicamente como tales. Aquello parece de sentido común hoy, no obstante es necesario no perder de vista que esta disposición (todavía minoritaria a escala mundial) es relativamente reciente en nuestro territorio.

Asimismo, inspirado en las ciencias naturales, el determinismo del patrimonio biológico es una forma de reafirmar que algunos-as no nacen libres e iguales, que el acceso diferente a los derechos es tributario de su "naturaleza" diferente (sexo, color de piel). A través de esta postura teórica y política se introduce la idea no de la desigualdad sino de la "diferencia" y se reformula la noción aristocrática desigual de la herencia.

Esta construcción de la "igualdad" (igualdad dentro de la diferencia) marca profundamente la organización social y política de las relaciones de dominación entre mujeres y hombres; haciendo de la sumisión de la mujeres hacia el poder del jefe de familia, el fundamento natural de un orden público.

El postulado de la superioridad de todos los hombres sobre todas las mujeres no se construye solamente en la categoría de individuos inferiores, sino que reformula la antigua diferenciación jerárquica de los sexos en términos de "diferencia" antropológica. Inscrita en la naturaleza y entonces inaccesible a la acción humana, la dominación de sexo no es solamente legítima, sino que se vuelve invisible como dominación. Esta invisibilidad permite tratar a las mujeres como una categoría homogénea aparte, en las cuales los derechos y los deberes escapan a la ley general elaborada por y para todos. Este régimen de excepción [1] que excluye integralmente a las mujeres del estatus de sujeto político, se vuelve un principio organizador de una sociedad fundada según la división de género de todo. Es a esta construcción ideológica que los movimientos de mujeres atacan, reafirmando la igualdad teórica y real de los derechos.

Los problemas asociados a los derechos incluyen a la integridad física, la autonomía (particularmente no sufrir mas más violencia sexual), el voto, la elegibilidad, tener derechos iguales en cuanto a la familia, en el empleo, tener derecho a poseer bienes, una cuenta bancaria, al acceso a la educación, a utilizar contracepción y la interrupción voluntaria del embarazo.

www.larage.org

¿Dónde está la inscripción de derechos en la sociedad francesa?

La igualdad en derecho entre mujeres y hombres ha progresado considerablemente a lo largo de estos últimos decenios. No obstante, ciertos logros en la legislación tienden a permanecer en lo formal y no son respetados, especialmente en el campo político, de la sexualidad y del trabajo.

Tomemos el ejemplo del derecho de voto y el de ejercer una actividad política mediante la elegibilidad y la posibilidad de participar en el poder ejecutivo. De la misma manera que el derecho al voto es respetado, el de la elegibilidad de mujeres esta lejos de serlo. Los hábitos y las costumbres continúan, y la clase política francesa sigue siendo ampliamente masculina, es por esto que se ha tenido que apelar a la noción de la paridad hombre/mujer e inscribirla en el derecho para mover las líneas. Esta obligación fue votada por el Congreso (reuniendo a la Asamblea Nacional y al Senado) en Versalles, el 28 de junio de 1999. El recurso a la paridad obligatoria es una herramienta coercitiva dirigida a inscribir de manera real la igualdad de género dentro de la vida política. Debemos constatar que incluso con la exigencia de paridad, estamos lejos de llegar a un resultado correspondiente al espíritu de la ley.

En materia de sexualidad, desde hace mucho tiempo, para no decir desde siempre, el cuerpo de las mujeres ha representado una cuestión mayor en la sociedad. Hemos evocado la existencia de la resistencia de las mujeres a lo largo de la historia. La reapropiación del cuerpo es una cuestión mayor, y se puede lanzar la hipótesis que las monjas que se expresaron a lo largo de la historia, lo pudieron hacer particularmente porque los conventos no mixtos ofrecían un espacio donde los cuerpos femeninos no eran más la propiedad de los hombres.

Los movimientos feministas y homosexuales han sido la punta de lanza de una crítica radical de las normas sexuales y así han permitido reflexionar sobre la libertad de disponer de su cuerpo como cada uno lo desee. El cuestionamiento de la heterosexualidad, como sistema de apropiación de las mujeres ha sido desarrollado particularmente por Monique Wittig. El Movimiento de Liberación de las Mujeres (MLF) en Francia ha llevado a cabo dos luchas fundadoras: por un lado, para el aborto libre y gratuito y para la contracepción desde 1970; y por otro lado, la lucha contra la violación y la violencia contra la mujer desde 1975.

El reconocimiento del derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo constituye un hecho importante del siglo XX. De hecho, históricamente han sido las autoridades religiosas, el Estado, los médicos, incluso los jefes de familia quienes disponían de este poder. Es este orden el que las feministas han subvertido. Rechazando que este debate sea reenviado a la esfera privada, el movimiento feminista ha conferido una dimensión política a esta cuestión.

¿Cuál es la situación hoy en día? Aún cuando los progresos en el ámbito de la contracepción son visibles el aborto continúa siendo libre, las ofensivas son recurrentes: cuestionamiento total o parcial de estos derechos en ciertos programas políticos, resurgimiento de una concepción tradicional de la familia y del lugar de "la" mujer reclamada por el movimiento La Manif pour tous ("La Manifestación para todos") contraria al matrimonio homosexual y portadora de una visión de la "familia" muy alejada de la realidad social concreta.

La violencia ejercida sobre las mujeres, particularmente en el marco de la familia, es muy importante. Las cifras son dramáticamente elevadas, la OMS recuerda que cerca de 35 % de las mujeres adultas y jóvenes han sido expuestas a una forma de violencia física y/o sexual a lo largo de su vida. En Francia, cada año, cerca de 216 000 mujeres, de edades comprendidas entre los 18 y los 75 años, son objeto de violencia física y/o sexual de su pareja anterior y actual, ya sea marido, concubino, pareja de hecho, novio, etc., cada tres días una mujer es asesinada por su compañero o ex-compañero. La mayoría de las mujeres víctima de violencia guarda silencio para proteger a sus hijos, la reputación o por miedo a las represalias.

En general, el cuerpo de las mujeres es transformado en objetivo geoestratégico ya que se trata de intervenir en diferentes partes del mundo por razones que en general no tienen nada que ver con la liberación de la mujer, como fue el caso de Afganistán. Las lógicas coloniales o neocoloniales violentan los procesos emancipadores de las sociedades al reenviarlas muy a menudo a formas de oscurantismo que afectan particularmente a las mujeres.

En la polémica alrededor del velo, el cuerpo de las mujeres es tomado como un pretexto de debates y de enfrentamientos ideológicos en detrimento -la mayoría de las veces- de la palabra de las primeras implicadas, aquí las musulmanas. Detrás de esta polémica, están mujeres de distintas opiniones, su destino y su sufrimiento; sufrimiento porque en este contexto es casi imposible expresar sus perplejidades y sus emociones sin ser absorbidas por debates feroces; sufrimiento porque somos todas las llamadas a elegir una posición a expensas de la perplejidad y del ir a tientas que implican todo el proceso de emancipación.

Así, en un rápido repaso sobre la situación actual podemos ver los logros y también los vacíos, verdaderas zonas de no-derecho que existen todavía en la vida de las mujeres. Las conquistas aún están en curso, particularmente en el ámbito de lo profesional. La obtención de una paridad real es un combate todavía vivo.

Los riesgos

Se trata de estar atentas y de no ceder ante la ilusión que los derechos conseguidos lo son de manera irreversible. Los opositores a los logros feministas y al feminismo en general no han desaparecido, y por el contrario, no habrá un mantenimiento de los logros, ni ningún avance hacia la igualdad sin que las mujeres sigan luchando.

Los puntos frágiles son múltiples:

El universalismo francés es uno de ellos. Notamos que la resistencia al feminismo en Francia se basa en una sólida historia patriarcal, pero también y sobre todo en la lógica de la excepción revindicada, pregonada en un país como Francia. Esta lógica moviliza la idea de que este país es depositario de la quinta esencia de los Derechos del hombre, por lo tanto de la igualdad entre sexos y que, realmente, no hay que cambiar demasiadas cosas, los otros — ellos — deberían alinearse al modelo francés. Finalmente, en nombre de esta República de excepción, en nombre de los valores, entre los cuales la igualdad figura en un buen lugar, toda medida para garantizar una igualdad real y sustancial, era y continúa siendo denunciada.

Esto nos conduce a una paradoja, Francia afirma un universalismo excepcional, ¡el suyo! Entonces, tenemos derecho a preguntar: ¿puede darse un universalismo particular y permanecer universal? Un poco de historia es necesaria para entender esta extraordinaria resistencia francesa a las Luces feministas. En las ciencias sociales y humanas, siguiendo a Ann Oakley, en Inglaterra y Estados Unidos, el concepto de género ha sido desarrollado para traducir el aspecto social y jerárquico de la división sexuada pero en Francia, a pesar de la distinción entre el sexo social y el sexo biológico desarrollado por Beauvoir en El Segundo sexo desde finales de 1940, la resistencia al concepto de género es objeto de una tenacidad particular.

Hemos podido asistir en Francia a los efectos nefastos de la universalización de un modelo de emancipación de las mujeres. Esta universalización se traduce, por ejemplo, para un gran número de feministas, en el rechazo de otras formas de afirmación de la mujer en su dignidad como fue en el caso de las musulmanas que afirmaban su identidad religiosa. Este rechazo contribuirá al debilitamiento de las luchas de las mujeres.

Hay otros factores que debilitan los logros feministas como un feminismo mutilador que ignora raza y clase, que reduce su acción a la sola cuestión de género; o un feminismo del 1 % como lo llama Rabab Abdulhadi, que conduce a la indiferencia hacia la mayoría de las mujeres que sufren los efectos de la pobreza, del colonialismo, de la guerra, de la discriminación, del racismo, de la destrucción medioambiental y que se aleja de los combates de todas estas mujeres.

Un feminismo que no afronta la lucha contra todas esas formas de dominación, de opresión, no puede conducir a la liberación de todas las mujeres y no podrá en ningún caso pretender una meta universalista. Un feminismo que ignora el contexto global de la vida de las mujeres es un feminismo mutilado y mutilador. La lucha por los derechos de la mujer bajo la bandera del feminismo no puede existir de manera significativa sin comprometerse y actuar por la eliminación de la opresión enraizada en el racismo, el colonialismo, y el capitalismo. Este es el caso de las mujeres de muchos países, los cuales contienen el feminismo del 99 %.

Los factores de debilitamiento o de cuestionamiento de los logros de las mujeres no se encuentran solamente en el seno del feminismo. Susan Faludi así lo ha demostrado. Desde los años 90, asistimos a un conjunto de contraataques que ponen en tela de juicio los logros obtenidos por las mujeres desde el principio de la "segunda ola" del feminismo. Este backlash, este "retorno al pasado", avanza debido a los medios de comunicación y a la cultura popular (series de televisión, cine, publicaciones). Se apoya en las actividades de grupos políticos y religiosos (la nueva derecha, el "movimiento de los hombres", los grupo antiaborto) y ha conseguido bajo los mandatos presidenciales de Reagan y Bush implantarse dentro de las instituciones. Este movimiento no se anuncia, sin embargo, abiertamente como político: su fuerza proviene de lo que se estructura alrededor de cuestiones presentadas como del dominio privado, y trabaja para que ese mensaje sea interiorizado por las mismas mujeres. Este fenómeno es recurrente en la historia del feminismo, una vez más, derechos, conquistas, cambios reales pero inacabados o frágiles, son puestos en tela de juicio y combatidos en dos frentes principales: el lugar y el estatus de las mujeres en el mundo del trabajo (opuesto a la esfera doméstica), y su control sobre su propio cuerpo (derecho al aborto, normas de belleza, sexualidad).

No hay nada muy original en el discurso antifeminista contemporáneo. Incluso cuando sabe tomar formas insidiosas y sofisticadas,populariza un mensaje simple: las mujeres son víctimas de los cambios sociales y de los progresos del feminismo. Sus derechos y sus reivindicaciones de independencia y de igualdad son la causa de su soledad o de su miseria, de un número creciente de divorcios o de la infertilidad, de los problemas físicos o psicológicos.

Este backlasch se inscribe en un movimiento más amplio a escala mundial, el de las regresiones que amenazan los logros en todos los ámbitos. Es por eso que la defensa de los logros feministas no puede ser tratada como una lógica de excepción sino más bien como un enfoque global necesario para la emancipación humana.