La ambivalente carta petrolera

Por Antoaneta Becker

, por Inter Press Service (IPS)

La respuesta de China a los pedidos de Occidente de que participe en un embargo a Irán por su programa nuclear, hasta ahora ha sido elegir el camino intermedio típico de su política exterior de no interferencia.

Es decir que, como ha hecho en las últimas décadas, por un lado denuncia sanciones pero por otro trabaja para proteger sus intereses nacionales en muchos frentes.

Pero la decisión de India, otro importante comprador del petróleo iraní, de continuar importando de Teherán pese a las sanciones de Occidente, enciende incómodos focos sobre los poderosos sentimientos nacionalistas reinantes entre el público chino, así como sobre el debate interno sobre qué ocurrirá con su política exterior.

Como principal socia comercial de Teherán y mayor clienta petrolera, la posición de China es crucial si llega a tener éxito el plan de Occidente de usar el embargo petrolero para obligar a Irán a paralizar el enriquecimiento de uranio.

Cuando la Unión Europea (UE) anunció la última semana de enero una prohibición a los 600.000 barriles diarios que importa de Irán a partir del 1 de julio, la estatal Compañía Nacional Iraní de Petróleo dijo que "fácilmente reemplazará a los clientes europeos".

China, que importa alrededor de 20 por ciento del crudo iraní y depende del de Medio Oriente para satisfacer 50 por ciento de sus necesidades de este combustible, es vista como un reemplazo natural ante la pérdida de las compras europeas.

Pero Beijing está hilando fino.

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