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Salir del neoliberalismo

, por MASSIAH Gustave

El artículo fue traducido por Viviana Varin, del Red RITIMO.

El neoliberalismo está en crisis pero sigue siendo dominante. La posición con respecto al neoliberalismo representa un elemento político decisivo, como lo hemos podido comprobar en todos los países del Magreb y del Máshrek hace poco. Después de 2011, un nuevo ciclo de luchas y de revoluciones había abierto y sigue abriendo, grandes esperanzas, colocando en primer plano ante todo las cuestiones vinculadas a las libertades y las cuestiones sociales. Los gobiernos resultante de las elecciones en Túnez y en Egipto han demostrado ser totalmente sometidos al neoliberalismo. Como muchos países del mundo, esperan que su salvación económica venga de los capitales internacionales, de las « inversiones extranjeras directas ». Las fuerzas de la oposición muestran un claro rechazo del neoliberalismo. Sin embargo, pocas veces destacan las medidas concretas y las políticas necesarias para salir del neoliberalismo. Que puede contestar el altermundismo a la pregunta «¿Como salir del neoliberalismo? »

La situación global

La situación global está caracterizada por lo que hemos convenido llamar « crisis » y que se va acentuando desde 2008. La dimensión financiera, la más visible, es una consecuencia que se traduce por las crisis abiertas que son las crisis alimentaria, energética, climática, monetaria etc. La crisis estructural se articula entre cuatro dimensiones: económicas y sociales, es decir, la de las desigualdades y de la corrupción; ecológicas con la puesta en peligro del ecosistema planetario; geopolíticas con el fin de la hegemonía de Estados-Unidos, la crisis en Japón y en Europa, además de la aparición de nuevas potencias; ideológicas, con la interpelación de la democracia, y crecientes corrientes xenófobas y racistas.

En realidad, se trata de una triple crisis encajada : una crisis del neoliberalismo como fase de la globalización capitalista ; una crisis del mismo sistema capitalista que combina la contradicción específica del modo de producción, la contradicción entre capital y trabajo y la contradicción entre productivismo y los límites del ecosistema planetario ; y por fin, una crisis de civilización que resulta de la interpelación de las relaciones entre la especie humana y la naturaleza, las cuales han definido la modernidad occidental y han marcado algunos de los fundamentos de la ciencia contemporánea.

Las resistencias de los pueblos han acentuado la crisis del neoliberalismo; confirman el papel de las luchas sociales y culturales en el agotamiento de esta fase de la globalización capitalista. Las desigualdades sociales, el desempleo, la precarización, han disminuido el consumo popular y por lo tanto, causado una crisis de « sobreproducción ». El recurso al sobreendeudamiento ha llegado a su límite: a través de la extensión de mercados de derivados financieros, ha contaminado todo los mercados de valores. La explosión de los « subprimes » marcó la transmisión de la deuda de los hogares a la deuda de las empresas bancarias, y el rescate de los bancos por los Estados ha llevado a la crisis de las deudas públicas. La reducción de los déficits a través de las medidas de austeridad debe supuestamente permitir conseguir una solución a esta crisis, sin cuestionar los beneficios y manteniendo el control por el mercado mundial de los capitales y los privilegios de los accionistas. Las resistencias populares se oponen a esta supuesta solución.

La exasperación de los pueblos le ha quitado la máscara a la dictadura del poder financiero y a la « democracia de baja intensidad » que implica. La corrupción es rechazada porque es un fenómeno sistémico y en su forma actual, parte integrante del neoliberalismo. Resulta de la fusión entre lo político y lo financiero que corrompe estructuralmente a la clase política en su globalidad. El rechazo de la corrupción va mas allá de la corrupción financiera; se trata de un rechazo a la corrupción política. ¿Como confiar cuando son los mismos, a veces con otro rostro, quienes aplican las mismas políticas del capitalismo financiero y las supuestas soluciones?

Mientras tanto, los cambios van construyéndose, determinando lo que vendrá a largo plazo. Entre estos cambios, a través la crisis, hay que señalar, los extraordinarios cambios científicos y técnicos, especialmente en el área de lo numérico y de las biotecnologías. La revolución cultural llevada por la ecología acentúa más aún el enfrentamiento entre las futuras posibilidades: por un lado, la de la apropiación de aquel progreso al servicio de la explotación y de la alienación, y por otro lado, la posibilidad de nuevos caminos hacia la emancipación.

No es siempre fácil tomar la distancia necesaria respecto a la imposición del neoliberalismo que, si bien es cierto, ha sido sacudido, sigue siendo dominante. El largo tiempo que fue necesario para la realización de los objetivos de los movimientos sociales nos da esa perspectiva necesaria. El movimiento obrero se construyó desde mediados del siglo 19. Conoció un periodo de grandes avances de 1905 à 1970. A pesar de las guerras y del fascismo, logro revoluciones en Rusia, en la China y en varios países del mundo, y a través de su alianza con los movimientos de liberación nacional, logró prácticamente cercar las potencias coloniales. Impuso compromisos sociales y un « Welfare State » en los países del centro capitalista. Desde 1970, se ha iniciado un periodo de cuarentas anos de derrotas y retrocesos del movimiento social en los países descolonizados, en países que habían experimentado revoluciones y en países industrializados. Los grandes acontecimientos y la crisis podrían caracterizar el fin de este largo periodo de retrocesos, sin que se pueda definir con exactitud lo que está por venir.

Los futuros posibles

El agotamiento del neoliberalismo no significa por lo tanto que se haya sobrepasado el capitalismo. Va a desembocar hacia una nueva fase de la globalización capitalista con una nueva lógica, sus propias contradicciones y nuevas fuerzas anti-sistémicas. A más largo plazo, la crisis estructural tendrá que ver con la confrontación entre varios futuros posibles, entre varias visiones del mundo. La estrategia de los movimientos sociales se define con respecto a los porvenires posibles y a las concepciones que los rige. Han sido especificados durante los debates de la Cumbre de los Pueblos organizada por los movimientos sociales paralelamente a la Conferencia de los Jefes de Estado Rio+20, en junio 2012. Tres horizontes, tres concepciones se destacaron: el reforzamiento, bajo formas distintas, de la financiarización y su extensión a la Naturaleza; una reorganización del capitalismo basada sobre una regulación pública y una modernización social; y finalmente, una ruptura que permita orientarse hacia una transición ecológica, social y democrática. Situaciones concretas serán marcadas por articulaciones específicas entre estas tres lógicas.

La primera concepción, es la del reforzamiento del neoliberalismo a través de la financiarización de la Naturaleza. Ha sido expuesta en el documento de trabajo preparado por las Naciones Unidas y los Estados para la Conferencia Rio+20, y en aquella visión, la salida de la crisis pasa por la búsqueda de un « mercado ilimitado » necesario para el crecimiento económico. Se basa sobre la ampliación del mercado mundial, calificado de « mercado verde », sobre la financiarización de la Naturaleza, la mercantilización de los organismos vivos y la generalización de las privatizaciones. Este enfoque reconoce que la Naturaleza produce servicios esenciales (capta el carbono, purifica el agua, etc.). Sin embargo, considera que esos servicios son deteriorados porque son gratuitos. Para mejorarlos es necesario privatizarlos y hacerlos entrar en el mercado financiero. Según esta visión, sólo la propiedad privada permitiría una gestión adecuada de la Naturaleza, y sería confiada a las grandes empresas multinacionales, financiarizadas. Se trata entonces de reducir los vínculos con los derechos fundamentales, lo cuales podrían debilitar la supremacía de los mercado. Se trata de someter el derecho internacional al derecho mercantil.

La segunda concepción es la del Green New Deal, defendida por grandes economistas del « establishment » como Joseph Stiglitz, Paul Krugman et Amartya Sen, muchas veces calificados como neo-keynesianos. Su punto de partida es el de la « economía verde », que hay que controlar. La propuesta es la de una reorganización profunda del capitalismo a partir de una regulación pública y de una redistribución de los ingresos. Aún es poco aceptada puesto que implica un enfrentamiento con la lógica dominante, la del mercado mundial de los capitales, niega las referencias keynesianas y que, además, no está dispuesta a aceptar que ninguna infiltración disminuya la revalorización de sus beneficios. Es necesario recordar que el New Deal, adoptado en 1933, fue aplicado con éxito solamente en 1945, después de la segunda guerra mundial.

La tercera concepción es la de los movimientos sociales y ciudadanos que ha sido presentada en el proceso de los foros sociales mundiales. Recomiendan una ruptura, la de la transición social, ecológica y democrática. Defienden nuevas concepciones, nuevas formas de producir y de consumir. Por ejemplo : los bienes comunes y las nuevas formas de propiedad, la lucha contra el patriarcado, el control de la finanza, la salida del sistema de la deuda, el buen vivir y la prosperidad sin crecimiento económico, la reinvención de la democracia, las responsabilidades colectivas y diferenciadas, los servicios públicos basados sobre los derechos y la gratuidad. Se trata de basar la organización de las sociedades y del mundo sobre el acceso a los derechos para todos y la equidad de los derechos.

La estrategia de los movimientos define alianzas según aquellos posibles futuros. La emergencia es de reunir todos los que rechazan la primera concepción, la de la financiarización de la Naturaleza. Sobre todo porque la imposición del sistema dominante a pesar del agotamiento del neoliberalismo implica riesgos de un neoconservatismo de guerra. Esta alianza es factible ya que los movimientos sociales no son indiferentes a las mejorías en términos de empleo y de poder de adquisición que podría aporta el Green New Deal. Sin embargo, varios movimientos constatan que hacer realidad aquella regulación pública es imposible con las actuales relaciones de poder. Es más, consideran que el crecimiento productivista corresponde a un capitalismo que, aunque sea regulado, no escapa a los límites del ecosistema planetario. En el futuro, y si el peligro del neoconservatismo de guerra logra ser eliminado, la confrontación positiva opondrá los defensores del Green New Deal a los defensores de la superación del capitalismo. Las alianzas concretas depondrán de las situaciones respectivas de cada país y de las grandes regiones.

Los cambios de la globalización capitalista

Los movimientos sociales están confrontados a la evolución de la mundialización y a fuertes cambios geopolíticos. La burguesía financiera aún se mantiene en el poder y la lógica dominante sigue siendo la de la financiarización. Pero, la globalización está cambiando y sus contradicciones aumentando. Se traduce por una diferenciación de cada situación según las regiones del mundo; una especia de deriva de los continentes. Cada gran región va evolucionando con sus propias dinámicas y los movimientos sociales buscan adaptarse a estas nuevas situaciones. Esta evolución modifica las condiciones de la convergencia de los movimientos.

Dentro de la reflexión y las movilizaciones sobre la crisis y la transición, la dimensión geopolítica es generalmente minimizada. Es pensada de manera demasiado subordinada a la dimensión económica y social cuando los conflictos y las guerras nos hacen recordar que la geopolítica puede determinar situaciones sociales y sus desenlaces.

Las nuevas potencias participan al cambio total del mundo. Pero aquellos « emergentes » no constituyen un conjunto homogéneo. No anulan la dominación actual que sigue una característica pertinente para entender el estado en el que se encuentra el mundo y las relaciones entre cada país. Sin embargo, la dominación va cambiando y las relaciones geopolíticas se han modificado. Las nuevas potencias se imponen en las grandes regiones y contribuyen a su diferenciación.

La identidad de las economías emergentes se inscribe dentro de la evolución de la economía mundial. En los años 2000, varios países se han impuesto con una tasa de crecimiento sostenida, una balanza comercial excedentaria, y reservas de divisas considerables. Esos países han resistido la crisis de 2008. Se trata de unos treinta países a través del mundo. Después de la emergencia de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China), un nuevo grupo se está afirmando: el CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía, África del Sur). Este grupo se caracteriza por poblaciones jóvenes, una economía diversificada, un endeudamiento moderado y una relativa voluntad política. Continúan sacando provecho de las fuertes inversiones extranjeras y de una atención particular de las multinacionales. No hay que olvidar también el papel geopolítico de ciertos « países rentistas » como Arabí Saudí y Qatar.

Estos países inician una alteración de la nueva división internacional del trabajo. A pesar de que el enfrentamiento sobre las investigaciones y las nuevas tecnologías se acentué, y si bien es cierto, pueden existir retrocesos con respecto a las tasas de crecimiento, es poco probable que la reorganización de los intercambios y de las riquezas vuelva a la antigua situación. Ya podemos observar una reestructuración de la clase dominante mundial recompuesta por los actores financieros de las nuevas economías. Las consecuencias geopolíticas considerables están por venir.

El cambio geopolítico total se traduce ante todo al nivel económico. Las economías emergentes se declaran a favor de una economía abierta pero que no deje que los mercados financieros fijen los precios, las tasas de cambio ni la orientación de las inversiones. Las políticas económicas dejan un papel de intervención estratégica al Estado. No rompen con el mercado mundial de los capitales pero tratan de controlar sus relaciones, sobre todo con los fondos de inversiones públicas. Buscan nuevas políticas económicas que combinen el respeto de las obligaciones que impone el neoliberalismo y políticas de redistribución parciales que reduzcan la pobreza sin compensar las desigualdades.

En Durban, en marzo 2013, durante la cuarta Cumbre de los jefes de Estado de los BRICS, por primera vez, una “contra-cumbre” fue organizada por los movimientos de esos mismos países. Vínculos fueron construidos con el FSM de Túnez. La convocación de esa contra-cumbre fue la pregunta siguiente : « BRICS : Anti-imperialist, sub-imperialist or in between ? ». Los movimientos sociales de los países emergentes representan varias reivindicaciones: la voluntad de negociaciones sociales; la democratización ; el rechazo de la dominación y de las decisiones arbitrarias externas. Estos movimientos tendrán un papel central en la redefinición del movimiento altermundista.

La estrategia altermundista

El pensamiento estratégico se construye en el marco de la articulación entre la cuestión de la emergencia y la de la transformación estructural. Se trata de incluir las respuestas a la emergencia dentro de una perspectiva de largo plazo. En los foros sociales mundiales, dos preocupaciones están presentes: la definición e implementación de medidas inmediatas para mejorar las condiciones de vida de las clases populares y la necesaria definición de una orientación alternativa.

Para salir del neoliberalismo, podemos definir varios pasos: a corto plazo, los que pueden iniciar los movimientos para definir nuevas políticas ; a medio plazo, los esfuerzos para cambiar el sistemas internacional y ganar márgenes de acción ; a largo plazo, las políticas alternativas que sobrepasan el capitalismo. Todos estos pasos deben ser iniciados desde hoy.

Los movimientos sociales defienden que otras políticas son posibles. Para eso, hay que combatir la inercia de las fuerzas gubernamentales que están convencidas que no hay alternativas. Es necesario responder a esa falsa evidencia cuestionando las razones que guían los gobiernos. Hay varias razones que conducen los gobiernos a reproducir las políticas dominantes. Lo hacen porque los imperativos internacionales son muy fuertes y hacen muy complicados cualquier planteamiento y acción independiente. Golpes de estado de diferentes formas son posibles; del golpe de estado financiero hasta el golpe de estado militar, existen una serie de desestabilizaciones posibles. Lo hacen porque siempre hay una razón para esperar: elecciones, una constitución, condiciones más favorables. Lo hacen porque son conservadores, profundamente conservadores, y los garantes del orden social, y las políticas neoliberales son la representación más significativa del conservatismo. Lo hacen porque piensan que pueden encontrar acondicionamientos, como por ejemplo al sostener que el capital árabe les dará un margen de acción, cuando en realidad, están perfectamente conscientes que la condición previa del capital árabe es el seguimiento de la doctrina del FMI. Lo hacen porque lo creen, por realismo, porque no hay otra forma que la inversión extranjera para dopar el crecimiento y responder a los problemas de empleo y de nivel de vida.

Las nuevas políticas

En ciertas condiciones, los gobiernos pueden ser tentados por la aplicación de políticas que se alejan del neoliberalismo, es decir, de la predominancia absoluta del mercado mundial de los capitales y del ajuste estructural de las sociedades a ese mercado. Dos situaciones pueden conducirlos a tal decisión. Por una parte, las contradicciones entre los mercados y las economías emergentes quienes se enfrentan a los límites que resultan del control del mercado mundial por la hegemonía occidental. Por otra parte, los movimientos sociales pueden conducir a cambios de gobiernos, incluso de regímenes, que quisieran aportar una respuesta a las aspiraciones populares. Las políticas de las nuevas potencias emergentes y las políticas de los regímenes progresistas tienen puntos comunes. No se confunden, pero podrían llevar a acercamientos, hasta a alianzas contra la hegemonía de los mercados financieros, para una reforma del sistema económico mundial.

En América Latina, los movimientos tienen una influencia en los regímenes « desarrollistas » que tratan de implementar políticas post-neoliberales. Políticas que no son nada anticapitalistas y que combinan garantías al mercado mundial de los capitales y políticas sociales a escala nacional con redistribuciones. En Asia, en varios grandes países, alianzas diferenciadas combinan las burguesías de Estado, nacionales y globalizadas. Alianzas específicas y contradictorias son probadas con las burguesías de Estado, quienes comparten el control del aparato productivo con las burguesías privadas « nacionales » y las multinacionales.

Es en América Latina, a través de la diversidad de países donde los movimientos sociales han tenido un peso importante en el cambio de regímenes, que podemos identificar los intentos y experiencias que marcan las políticas post-neoliberales. Es el caso en Argentina, en Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Venezuela.

¿ Cuáles son las medidas más destacadas de aquellas políticas?

  • Un tratamiento político de la cuestión de la deuda (reembolso anticipado en Brasil, anulación en Argentina, auditoria en Ecuador)
  • Un control del sector financiero y la creación del Fondo soberano de de inversión
  • Una tentativa de control de las materias primas y de los recursos naturales
  • Una redistribución de los ingresos (Bolsa Familia, ayudas para el acceso a la vivienda, política salarial, protección social)
  • El apoyo a los sectores creadores de empleo y de ingresos
  • Una política ambiental incitativa
  • Una política fiscal y la lucha contra los paraísos fiscales y judiciales
  • La mucha contra la precariedad
  • Un reforzamiento del Estado social (educación, salud, protección social)
  • La soberanía alimentaria y la defensa de la pequeña agricultura
  • Las políticas urbanas, de transportes, la prevención para la seguridad urbana, la planificación territorial
  • Una planificación territorial con una estrategia de relocalización
  • Un sistema democrático, es decir un sistema que garantice las libertades individuales y colectivas
  • Esfuerzo de democracia participativa (descentralización ciudadana, municipalidades, presupuestos participativos)
  • Una política monetaria voluntarista
  • La construcción de grandes regiones (Mercosur, Alba, …)

Las políticas concretas dependen de los países y de la situación respectiva de cada uno. Existen límites y varias críticas. Si estas políticas han consolidado evoluciones económicas rápidas y han conducido a reducciones significativas de la pobreza, las desigualdades sociales siguen aumentando. Las tensiones se han acentuado entre las clases medias y las clases populares. La primarización de las economías ha servido para alimentar el crecimiento económico (soya, acaparamiento de tierras, explotaciones mineras). Las alianzas con los agro-exportadores han tenidos fuertes impactos sobre los pequeños agricultores.

Sin embargo, de todas maneras existen posibilidades de nuevas políticas. No hacer nada, justificándolo por imperativos externos, es reproducir y reforzar el sistema social y la subordinación al mercado mundial de los capitales. Esas nuevas políticas pueden ser iniciadas sin esperar el cambio del sistema mundial. Los movimientos sociales pueden ocupar ese espacio para imponer negociaciones y una discusión publica sobre las orientaciones políticas.

Las perspectivas

Las propuestas políticas económicas y sociales tienen sentido solamente si se inscriben dentro de propuestas de largo plazo. Es el fundamento de la estrategia del movimiento altermundista. Articular propuestas inmediatas, para mejorar las condiciones de vidas de las clases populares, con una alternativa que implique una ruptura más radical con la lógica dominante. No hay chances para una nueva política si nos mantenemos en el corto plazo. Dos condiciones son necesarias para iniciar una transformación estructural. La primera, una transformación del sistema internacional, del marco económico mundial que permita márgenes de acción con respecto a la doctrina neoliberal. La segunda: una orientación alternativa.

Para la transformación del sistema económico mundial, varias propuestas inmediatas ha sido avanzada en los foros sociales mundiales desde hace diez años : Por ejemplo : la supresión de los paraísos fiscales y judiciales ; el impuesto sobre las transacciones financieras ; la separación de los bancos de depósito y de los bancos comerciales ; la socialización del sector financiero ; la prohibición de los mercados financieros derivados ; la redistribución de los ingresos ; la protección social universal ; los derechos de los migrantes y la libertad de circulación ; las negociaciones ambientales y climáticas ; un nuevo sistema monetario internacional ; etc. Se trata de instaurar un sistema económico basado en la regulación pública multilateral rompiendo con las zonas de libre comercio que no tienen nada de libre y que establecen el dumping generalizado (dumping social, dumping fiscal, dumping ambiental, dumping monetario). Además, se trata también de impedir el control total por los grandes grupos financieros y los Estados de los medios de comunicación y de la tecnología numérica. Estas propuestas no son revolucionarias en sí mismas. Hoy en día, son retomadas por economistas del establishment e incluso por ciertos gobiernos. Sin embargo, esas declaraciones no tienen impactos porque implican una ruptura con el dogma neoliberal y la dictadura de los mercado financieros. Y son siempre aquellas fuerzas que dominan y que no aceptaran, sin enfrentamientos, renunciar a sus gigantescos privilegios.

La orientación alternativa se ha destacado en los foros sociales mundiales. Es el enfoque de transición social, ecológica y democrática que se define en el FSM. Es el del acceso a los derechos para todos y todas y de la igualdad de derechos, del nivel local al nivel mundial. Podemos organizar cada sociedad y el mundo de otra forma que por la lógica dominante de subordinación al mercado mundial de los capitales. Los movimientos sociales defienden una ruptura, una ruptura para orientarse hacia la transición social, ecológica y democrática. Destacan nuevas concepciones, nuevas formas de producir y de consumir. A partir de prácticas concretas, estas nuevas nociones traducen nuevos enfoques: los bienes comunes; el buen vivir ; la lucha contra el patriarcado, la regulación ciudadana ; la democratización radical de la democracia ; la soberanía alimentaria : el fin de la descolonización ; los derechos de los migrantes y la libertad de circulación; las instituciones internacionales y el derecho internacional.

Esta alternativa se construye a partir de las luchas y de la resistencia porque resistir es crear. Se traduce por la búsqueda de políticas públicas que garanticen la igualdad de derechos. Se inventa a partir de alternativas concretas que son implementadas en las sociedades y la lucha para que esas alternativas de traduzcan por más libertades y para que no sean desviadas hacia la búsqueda de beneficios dentro de aún más inequidades, injusticias y una limitación de la libertades individuales. Los desafíos de la nueva revolución se van construyendo en detalle: la definición de nuevas relaciones sociales y culturales, nuevas relaciones entre la especie humana y la Naturaleza, la nueva fase de descolonización y la reinvención de la democracia.

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