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Dossier Sáhara Occidental, año 40 : Historia, estrategias y desafíos para el futuro

Memoria histórica saharaui

La historia de la ocupación y el nacimiento de la resistencia

, por VERGARA RUIZ Sonia

Enero de 2016

La historia del pueblo saharaui a menudo aparece desdibujada y olvidada, como si existiera apenas desde los primeros años del siglo XX. Como sostiene Correale (2015:24-25), la memoria histórica de la “nación saharaui” aparece más como una “suma de amnesias, sintetizada por la retórica nacionalista sobre la persistencia de una entidad saharaui que atravesaría la historia milenaria del territorio, que como relato, aunque incompleto, de una historia común”. Es necesario romper esa barrera y hacer un exhaustivo repaso a los datos existentes sobre los orígenes de éste pueblo, centrándonos en los antepasados comunes que relatan las raíces de la identidad saharaui para verificar cómo ha derivado ésta en una concepción más actual.

Los inicios

Entre todos los datos recogidos, existe evidencia de poblaciones humanas en la zona conocida hoy como el Sáhara Occidental desde el año 5.000 a.C. Se considera que la emergencia de la etnia bereber fue aproximadamente en el año 2.000 a.C. coincidiendo con la colonización por éste grupo de gran parte del norte de África. Varias tribus bereberes habitaron en el territorio desde al menos la época del imperio romano, aunque al parecer solo los serer y los bafour, tribus negras que hoy se encuentran en Senegal y Mauritania, fueron desde la prehistoria y durante siglos la única población asentada. Los bereberes de la tribu Lamtuna penetraron en el territorio del actual Sáhara Occidental hacia el siglo VII d.C. reemplazando a los serer y asentándose con otras tribus bereberes.

En el siglo XI, los lamtuna se aliaron con la poderosa confederación de tribus bereberes islamizadas sanhaja que se encontraban en Argelia, Marruecos y Níger dando lugar a la no menos poderosa dinastía de los Almorávides que llegó a conquistar en la Edad Media Marruecos, Argelia occidental y Al-Andalus en la península ibérica. En el siglo XI también llegaron tribus árabes beni hassan, que terminarían mezclándose con los bereberes a partir del siglo XII pese a que los beni hassan tendrían siglos de guerras con los lamtuna. Fueron ellos quienes trajeron su religión, el islam [1], y quienes durante siglos se mezclaron con las poblaciones autóctonas. Con la expansión hacía el desierto, muchos grupos dejaron de vivir de la agricultura y adoptaron un modo de vida nómada.

Durante varios siglos, el actual territorio del Sáhara Occidental fue paso de varias rutas comerciales transaharianas que transportaban sal, oro y esclavos. Las diferentes tribus bereberes que se encontraban ahí luchaban a menudo por el control de estas rutas. Aunque cabe destacar que, hacia los siglos XI y XII se constituyeron en el territorio muchas zawiyas o centros religiosos que formaron comunidades contrarias a una sociedad militarizada reforzando el culto religioso, la educación y la redacción de leyes, al contrario que los almorávides muyahidines, que tras su regreso al Sáhara formaron tribus guerreras. Estas tribus muyahidines fueron más propensas a la arabización por parte de sus nuevos vecinos árabes maqil y, a partir del siglo XIII, controlarán el comercio transahariano por la zona. Por entonces, ya las poblaciones bereber y maqil beni hassan estaban convergidas dando lugar al pueblo saharaui y al dialecto árabe hassaniya.

Entre los siglos XII y XVI, diferentes imperios árabes establecieron soberanía en un territorio prácticamente tribal hasta que en el siglo XVI, Marruecos, por medio de la dinastía Saadi, comenzó a ejercer soberanía en algunas zonas de la parte occidental del Sáhara, que se mantendrá a duras penas hasta finales del XIX ya con la dinastía Alauita en el poder.

La historia de la ocupación

Si bien éstas podían ser las referencias históricas más antiguas, pronto comenzaríamos a hablar del Sáhara como colonia de diferentes potencias mundiales. Mientras el interés de España y Portugal durante el siglo XV estuvo en colonizar las Américas, la huella europea en el Sáhara Occidental fue mínima. Más tarde, en el siglo XVIII, las potencias europeas empezaron su expansión territorial, aunque no es hasta 1830 que “sumergen en un sueño imperialista con respecto a los países del Magreb” (Galduf, 2010).

En este momento, el imperio español no atravesaba su mejor momento y por el contrario Francia se hacía fuerte en el norte de África. Según Fachal (2015), España espera a Francia para entonces fijar sus concesiones territoriales y hace acuerdos con líderes saharauis para que cediesen el territorio de Río del Oro en 1884. Sin embargo, explica, “el control colonial español fue débil y la resistencia a la presencia europea se hizo fuerte en la región”.

El líder Ma al-’Aynayn [2] estableció una base de resistencia en Tindouf y hasta su muerte en 1910 mantuvo una lucha activa y fanática contra los franceses y españoles. Sin embargo, a pesar de que quizá esta sea la primera referencia hacía la resistencia de un modo más cercano al concepto actual, no adquiere gran relevancia en un mundo deseoso de colonizar nuevos territorios.

En 1906, con el Acta de Algeciras, Francia y España quedan como países “protectores del Imperio Marroquí por ser los que mayores intereses” tenían en la región (Galduf, 2010). Las dos potencias aún no sabían que después de asumir tal deber, el de conseguir el desarrollo político, económico, social y cultural de Marruecos, tendrían que devolverle su independencia.

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Notables saharauis y miembros de Gobierno General del Sáhara Español. Crédito : Archivo General del Administración de Alcalá de Henares. El Aaiun, Sáhara Occidental, años 1960.

Se iniciaba ahí un régimen de protectorado [3] en el Estado marroquí que beneficiaba a ambos ya que “obtenían a cambio beneficios económicos propios de una empresa colonial además de una buena dosis de prestigio internacional” (Idem). Tras que España suscribiera en Madrid un convenio con el gobierno francés en noviembre de 1912 para fijar los derechos y marcar el territorio que le correspondía a cada nación, nos adentramos en los primeros veinte años de protectorado en los que tanto Francia como España desarrollaron “una política militarista para pacificar la región, que se encontraba muy soliviantada” (Galduf, 2010).

La actuación de España durante la descolonización del Magreb ha sido confusa y variable. Según Galduf (Idem), las cosas cambian a partir de los años 1950, cuando “aflora de nuevo con fuerza el movimiento independentista del colonizado Magreb. Una concatenación de hechos conflictivos que supondría para España el comienzo de un período problemático e irreversible que finalizaría con la pérdida de casi todas sus posesiones en África”.

Una vez conseguida la independencia de Marruecos por parte de Francia y España en 1956 es inaugurado el Reino de Marruecos bajo su monarca Mohamed V. Comenzarían en 1957 los contenciosos territoriales, con conflictos armados en el Ifni y el Sáhara, territorios aún gobernados por España. Pero es la muerte de éste monarca, tras cinco años de independencia de Marruecos, la que marca una nueva etapa entre las relaciones con España determinando por consiguiente el futuro del pueblo saharaui.

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Notables, guerreros, poetas de la resistencia anticolonial saharaui y mauritana a principios del siglo XX. Crédito : Local y autor desconocidos.

Nacimiento de la resistencia

En 1958, mientras que la ONU apoyaba las luchas por las independencias, el régimen de Franco eligió transformar sus colonias en provincias ultramarinas de España. El territorio del Sáhara Occidental pasó entonces a denominarse en Europa como “Sáhara Español”. Se trataba de una provincia en el sentido político-administrativo del término, pero también, y sobre todo para el imaginario colonial, de un “territorio vencido”.

En cuanto al proceso de resistencia, podemos dividirlo en diferentes etapas. La artificial división del desierto creada por el reparto colonial puede haber contribuido para generar una dinámica que López Bargados define como "faccionalismo de frontera", concepto con el que se refiere a las divisiones políticas derivadas de la acción clientelar de los colonizadores entre los diferentes segmentos tribales a ambos lados de la frontera. Esta se convierte en un espacio de nuevas estrategias políticas por parte las tribus, que tratan de utilizarlas a su favor. En este contexto surgen determinadas figuras que aprovechan la situación para promocionarse, a partir del contrabando, las razias o las prebendas de los agentes coloniales. La acción de estas personas se caracterizará como bandolerismo de frontera.

En este periodo y en referencia a éste bandolerismo, podemos citar a Wayaha Uld Ali Uld Cheij, sobrino de Ma al-’Aynayn, que junto a su hermano Muhamdil Mamun tuvo un papel relevante en los acontecimientos de la frontera entre 1923 y 1934. Wayaha fue, según las crónicas coloniales, uno de los “personajes” que poblaron las fronteras del Sáhara Occidental: daban golpes de mano en el Sáhara francés y se resguardaban en el Sahara español. Se aprovechaban de la denegación del permiso de persecución a las tropas francesas por parte del gobierno español (Martínez Milán, 2003).

Sin embargo, Wayaha es sólo uno de los disidentes saharianos de aquellos años, ni siquiera el más importante, dada la brevedad de sus acciones; pero su figura forma parte del imaginario resistente de los combatientes del Polisario. Tras su muerte, su hermano y otros compañeros siguieron la lucha (Caratini, 1989:169). En el otoño de 1924 reemprendieron el combate: Ahmad uld Hammadi se unió a Ismail uld Bardi, Abdallahi uld Abd al-Wahhjab y Mujammad Taqi Allah, el propio hermano de Wayaha, para atacar un destacamento del segundo pelotón meharista del Adrar. Es el combate conocido como de Lakdaym (o Lekdim), cerca de Wadan. Los resistentes, victoriosos, se llevaron cerca de 200 camellos (López Bargados, 2003).

La administración francesa era consciente del salto cualitativo que habían dado las actividades de la disidencia en la región de Mauritania. Los asaltos repetidos eran interpretados con preocupación (Caratini, 1989:171). Según Laroui (1987), “los generales (franceses) coloniales, a los que durante la conquista era fácil oírlos hablar de penetración pacífica, volvieron después de 1926 a las ideas de Bugeaud -de que el enemigo debía ser destruido y de que se necesitaban tantas tropas para conservar África del Norte como para conquistarla-”.

Sin embargo, toda esta situación se producía debido a que el colonialismo había exacerbado las dificultades para el desarrollo de la vida nómada y amenazaba el equilibrio entre hombres, ganado y el medio. Estos equilibrios permitían formas de organización social flexibles y prácticas nómadas que incluían movimiento y la fricción con otros (López Bargados, 2003). Las catástrofes periódicas habían sido enfrentadas mediante estrategias de movilidad, que el establecimiento de las fronteras ahora dificultaba o impedía.

En definitiva, se trataba de combates cuyo fin era defender su forma de vida; acciones que provenían de un programa político que atendía a los intereses inmediatos de la población, y no acciones de irracional bandidaje. Eran estrategias derivadas de una lectura correcta de lo que constituía la invasión de las metrópolis. Utilizaban lo que tenían a la mano para desarrollar un proyecto enraizado en sus experiencias sociales históricas.

Posterior a éste tipo de resistencia, y ya en el contexto de la descolonización, se abre otra etapa conexionada con el presente más actual. La crónica retiene como primer momento las manifestaciones de junio de 1970 articuladas por la Organización Avanzada para la Liberación del Sáhara (OALS), creada por Mohamed Basiri en 1967. Se trata de un movimiento independentista y pacifista cuyo objetivo es emprender negociaciones con el gobierno español con el fin de acelerar el proceso de descolonización del territorio que, en el contexto internacional, parece inevitable. Inevitable pero difícil, y los dirigentes de la OALS son perfectamente conscientes de las contradicciones internas y externas que amenazan la conclusión de este proceso.

En el interior, la mayor parte de la población está considerablemente empobrecida por la terrible sequía que se abatía sobre los territorios sahelo-saharianos. Pastores nómadas en su mayoría, esta población es además ampliamente analfabeta, lo que no le impide criticar severamente a la casta de notables que se sirven de los beneficios de las prebendas otorgadas por el Estado colonial con el fin de mantenerlos como aliados.

En el exterior, el poder marroquí reivindica con fuerza el territorio del Sáhara Occidental como parte integrante del reino en un contexto de rivalidad argelo-marroquí. Esta doble cuestión obliga a los miembros de la OALS a colaborar con España para tratar de poner en marcha, de la manera más rápida y en la mejor condición posible, la descolonización de la “provincia sahariana” y el nacimiento de una nueva nación independiente, de acuerdo a las resoluciones de la Organización de la Unidad Africana (OUA) sobre la intangibilidad de las fronteras heredadas de la colonización.

Para hacer públicas sus reivindicaciones y permitir al ocupante español de juzgar su determinación, la OALS invita por primera vez al pueblo saharaui a manifestarse en la plaza de Zemla en El Aaiun, el 17 de junio de 1970. La respuesta del gobierno español es inesperada: los manifestantes son brutalmente reprimidos por las fuerzas del orden. Once personas son asesinadas, otras cien son hechas prisioneras y Mohamed Basiri, arrestado, desaparece definitivamente. Este exceso de violencia trajo consigo un alejamiento entre saharauis y el gobierno español, exacerbando el movimiento nacionalista. De la imposibilidad del dialogo entre saharauis y españoles nació, en 1973, un movimiento independentista que preconizaba la lucha armada: el Frente Popular para la Liberación de la Sagia al Hamra y Río de Oro, más conocido como Frente Polisario.

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Pintura del rostro de Bassiri, símbolo del nacionalismo saharaui, probablemente asesinado por los colonizadores españoles en 1970, sobresale de la pared del museo militar en Rabuni (sede administrativa del gobierno saharaui). Hadoul el Hadj, responsable por la visita guiada, explica cómo el movimiento iniciado contra los españoles generó lo que hoy es el Frente Polisario. Crédito : Laura Daudén. Tindouf, Argelia, 2009.

El Frente Polisario tiene una construcción social basada en el reconocimiento de si mismo como el único representante del “nuevo pueblo Saharaui”, teniendo que superar los derechos de cada tribu. En efecto, la línea política es clara desde su fundación el 10 de mayo de 1973, como se desprende de la lectura del manifiesto político fundador del grupo:

“El Frente Polisario nació como expresión única de la masa, optando por la violencia revolucionaria y la lucha armada como medio por el cual el pueblo árabe saharaui, africano, pueda recuperar su libertad total, y flanquear las maniobras del colonialismo español.”

Esto es novedoso en toda la lucha histórica y de resistencia puesto que “la nación saharaui” acepta así los principios jurídicos que rigen los Estados modernos, que gestionan los recursos locales no en función del “interés” de un individuo o de una tribu, sino en el de la “comunidad nacional” (Correale, 2015). Ese concepto de identidad parece haber sido enterrado, en gran medida, por los propios saharauis, que a menudo se apoyan en la memoria colectiva, más que histórica, para construir la idea de que su pueblo nació de la resistencia.

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Las jaimas de las familias nómadas saharauis, centro de su vida familiar y social. Crédito : Laura Daudén. Territorios liberados, Sáhara Occidental, 2009.

Es el Frente Polisario el que asume la tarea de unir a los saharauis cuando, el 6 de noviembre de 1975, sufren quizá el más importante golpe en su lucha anti-colonial: la “Marcha Verde”, formada por 350 mil civiles marroquíes que invaden el territorio saharaui bajo el mando del rey Hassan II. Desde entonces, sus estrategias para retomar el control han sufrido cambios tácticos y políticos significativos, sin nunca dejar de seguir construyendo y reforzando un ideario nacional.

Comentario

La ocupación militar del territorio crea fuertes tensiones. Si regularmente se producen enfrentamientos entre civiles saharauis y fuerzas del orden marroquí, estos no son más que la cara visible de una resistencia que se sigue haciendo día a día, desde el momento en el que se nace. Y esa lucha tiene una cara muy particular: la de la intifada –o “levantamiento” en árabe–, privilegiada por los saharauis como método de expresión y resistencia.

De acuerdo con Brahim Noumria [4], es importante para los saharauis del “interior” reivindicar el concepto de intifada que, según él, da un sentido y una dimensión que no pueden dar los términos de “movilización” o “protesta”. Sin embargo, como parte del complejo proceso que se vive desde hace décadas, debemos contraponer que las élites marroquíes muestran paralelamente hasta qué punto este concepto “molesta”. De manera regular, la prensa marroquí reafirma en efecto que el término de intifada debe de estar exclusivamente reservado a la lucha del pueblo palestino y que no tendría que aplicarse a los “movimientos separatistas” del Sáhara Occidental, a los cuales les niegan toda legitimidad.

Notes

[1Pero al parecer los bereberes no se convirtieron hasta el siglo IX.

[2Muhammad Mustafa uld Shayj Muhammad Fadel.

[3Según el primer residente general francés, “la concepción del protectorado es la de un país que conserva sus instituciones, su gobierno y su administración a través de sus órganos propios, bajo el mero control de una potencia europea que le sustituye en la representación exterior, se hace cargo de la administración de su ejército y de sus finanzas y lo dirige en su desarrollo económico”. Lo que caracteriza a ésta concepción es la fórmula de control, opuesta a la administración directa.

[4Activista de derechos humanos. Entrevista en El Aaiún, el 12 de octubre de 2011.

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Sonia Vergara Ruiz es trabajadora social y antropóloga con experiencia en procesos migratorios e investigación social.

REFERENCIAS

BALTA, P. El Gran Magreb. Desde la Independencia hasta el año 2000. Siglo XXI: Madrid, 1994.

CARO BAROJA, J. Estudios saharianos. Jucar: Madrid, 1990.

CORREALE, F. “La narración de la historia en situación de crisis: reivindicaciones y contradicciones en la construcción memorial saharaui” en Les Cahier d’EMAM, pp.24-25, 2015. Disponible en http://emam.revues.org/844

DIEGO AGUIRRE, J.R. Guerra en el Sáhara. Istmo: Madrid, 1995.

GALDUF, A. Sahara Occidental: la historia de una descolonización nefasta. Arquehistoria: 2010.

GARCÍA FACHAL, S. “Sáhara Occidental: Situación de jóvenes y manifestantes”. Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR): Febrero, 2015.

HOBSBAWN, E. La era del Imperio (1875-1914). Crítica: Barcelona, 1998.

LAROUI, A. Historia del Magreb, desde los orígenes hasta el despertar magrebí. Mapfre: Madrid, 1994.

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